Cuidarme emocionalmente durante la Navidad

La imagen de la Navidad que nos llega de los medios de comunicación, y que tienen muchas personas de esta época que pronto nos llegará, es que es época de alegría, esperanza, buen humor y amor para compartir con sus seres queridos. Aunque para muchas personas sea así, y que estén impaciente durante todo el año para sacar del armario el árbol y adornarlo, o ir a la Feria de Santa Lucía a comprarlo, o tengan pensado ir a Agramunt a comprar los Turrones, por otras personas es una época en la que anticipan que lo pasarán mal, sea por dificultades económicas, conflictos familiares que en esta época se hacen más patentes o porque no se cree que el amor y la amistad se hayan de disfrutar más especialmente en una época del año concreta.

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Tanto el amor incondicional por la Navidad como la indiferencia hacia estas fechas es respetable, pero si el hecho de que llegue esta época nos hace sentir mal o es motivo de sufrimiento por alguno de los motivos antes mencionados o por otros, habrá que buscar la forma de gestionar estas fiestas de la mejor manera posible, y es en este sentido que quería compartir algunos consejos que, uno u otro, tal vez pueden ser útiles en estas situaciones.

1. Es Navidad, aceptémoslo

Los medios de comunicación, que son el altavoz de las grandes empresas de productos de consumo, las cuales tienen en esta época el mayor volumen de ventas del año, están impaciente que llegue la Navidad y te puedan dirigir el Centro Comercial más cercano a comprar tanto como puedas. Esto es así, nos guste o no. Enfadarnos a él, indignarnos y sentirnos mal por estar dentro de una sociedad tanto fuertemente consumista no nos hará más felices. Podemos trabajar para luchar, sí, pero no desde el sentirnos mal y queriéndonos aislar. Buscamos alternativas y construimos nuestra propia manera de encarar y vivir esta época, no hay que aceptar por obligación la que nos vienen porque entonces nos sentiremos que nos la imponen y que si no la «compro» tal y como es o no puedo participar , y esto no tiene porque ser así.

2. Redescubre el arte de regalar cosas no compradas

Los niños no pueden comprar objetos, ya que no disponen de dinero. Pero ¿verdad que cuando nos regalan algo que han hecho ellos nos hace tanta o más ilusión? No digo que regalamos a los demás un dibujo hecho por nosotros (entendemos que no hará la misma gracia sobre todo si uno no es precisamente un Van Gogh), pero estoy segura que podemos encontrar la manera de regalar lo que no podemos pagar con dinero, pero que es más que valioso, nuestro tiempo, sobre todo cuando de lo que hablamos de la no posibilidad de comprar juguetes materiales en fechas como éstas, en las que los niños difícilmente entienden eso que llamamos crisis. Redescubrir los regalos que no son materiales, buscando actividades conjuntas a hacer que sean gratuitas o muy económicas (como un fin de semana de camping en el bosque, una salida a la montaña o en la playa con los padres, o hacer aquella actividad que le gusta tanto en compañía de los padres) y en la que puedan participar los niños, es una buena opción para enseñar a los niños que el consumismo no debe ser la base de nuestra vida y que el tiempo y el compartir también tiene un valor. Incluso podemos crear regalos hechos por nosotros con los niños para dar a los abuelos, tíos … No nos hundimos por no poder regalar todos los juguetes que los niños querrían, aproveche para enseñar valores a nuestros hijos y construiremos una sociedad mejor .

3. Los conflictos familiares (o aquel cuñado con el que no puedo estar)

La Navidad es la época en que nos vienen que la familia vuelve a casa, los conflictos se resuelven sin ninguna dificultad (porque es Navidad), y todo el mundo debe ser feliz con todo el mundo casi por obligación. Lo que ocurre con esta imagen es que cuando nos toca reunirnos con todo el grupo, y está presente aquella persona con la que puedo tener un conflicto, nos sentimos incómodos por querer mantener el «buen rollo» que se supone que hay de haber sobre todas las cosas. El hecho es que para que sea Navidad no se soluciona ningún conflicto «mágicamente», ni hay que ser el más falso sonriendo y riendo las gracias a quien luego criticar con fuerza al coche en la vuelta y nos sentiremos mal, pero podemos aprovecharlo (si queremos) para solucionar de verdad aquella discusión que quedó a medias o aquel malentendido que nos distanció. Pero no por obligación, sino porque en la vida tener cosas a medias nos hace sentir ansiosos, y los asuntos relacionales no son una excepción. Si tienes interés, aprovecha algún momento para hablar con esa persona y aclarar temas, y si no, no te lo tomes a pecho y procura disfrutar del encuentro familiar con los que te sientes más a gusto, sin querer forzar lo nos hace sentir incómodos o solucionarlo únicamente porque es Navidad.

4. Cómo repartir los días de fiestas con las familias (o como tener en cuenta que nunca llueve a gusto de todos)

Uno de los temas que hay que afrontar cada año desde que se empieza a tener una pareja estable es la conversación inevitable sobre cómo repartimos este año las comidas y cenas de los días de fiesta de Navidad entre las familias. Que si mi familia sólo hace la comida de Navidad, que si tu vive lejos y no llegaremos a St. Esteban en mi … y si sumamos las familias de referencia de cada uno (abuelos y tíos) la cosa se complica de verdad.

Mi consejo: sed conscientes de que, lo repartir como lo repartir, será muy difícil que su decisión sea de buen grado todos. Es posible que una parte de la familia piense que beneficia más al otro, e incluso se pueden sentir ofendidos. Tranquilos, es normal, no os enfadéis, piense que si se sienten así es porque sois importantes para ellos y les duele no compartir el momento con vosotros. Sed comprensivos y asertivos, explique los motivos de la repartición sen